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Nadie discute que la transparencia es un

valor positivo, una virtud, si bien es un me-

dio, no un fin en sí misma. Lo que tampoco

puede negarse es que en todo este asun-

to subyace un interés, entendido como el

afán de alcanzar metas provechosas. La in-

dustria, en general, y la sanitaria no es una

excepción, tiene un interés ligado a los re-

sultados económicos, por más que entre la

misión de la sanitaria esté aportar valor en

salud. Y este es un asunto estructural y no

de los individuos, de forma que condiciona

toda la organización. Por el contrario, las

organizaciones sanitarias en las que traba-

jamos la mayor parte de los profesionales

sanitarios no están orientadas al lucro, y

esto facilita que la búsqueda del valor en

salud no esté influida por un interés de re-

cogida de beneficio contante para inverso-

res, sino por la eficiencia.

Si la industria está orientada al bene-

ficio y el Sistema Nacional de Salud a

la prestación eficiente de atención sa-

nitaria, la única variante de conflicto

de interés que se puede dar en este

escenario es el de los profesionales que

puedan verse influidos de una u otra

forma desde esa industria sanitaria.

La

transparencia, como primer paso, tiene que

ver sobre todo con la declaración honesta

de intereses vinculados a los de la industria,

siendo ésta una obligación ética de los pro-

fesionales, que puede llegar a ser legal en

determinadas circunstancias. Dicho lo ante-

rior, declarar conflictos de interés o incluso

publicar cuantías de los pagos no garanti-

za que las decisiones profesionales no se

vean influidas. Por eso, nunca, este asunto

de unas relaciones éticas entre la industria

y los profesionales puede ser abordado, y

menos resuelto, desde la exclusiva pers-

pectiva de la autorregulación de la propia

industria. Las patronales de la industria ela-

boran la bandera de la transparencia como

si una vez impuesta resolviese el auténtico

conflicto de fondo que es que la industria

realmente tiene interés en influir en el mer-

cado, y ello es imposible si no existe inte-

racción con el profesional. Por ello, y para

intentar evitar que las decisiones sanitarias

se vean determinadas por el conflicto de

interés,

son las organizaciones profe-

sionales las que deben, desde su pro-

pia autorregulación, deontológica en

el caso de los colegios profesionales,

ética en la de las sociedades científicas,

llevar la voz cantante

. Y para ello es bue-

no disminuir la exposición de los profesio-

nales, transicionando desde la soledad del

trabajo individual a un modelo de gestión

colectiva de los verdaderos valores e intere-

ses de nuestra profesión. Y para eso nece-

sita, siendo tanto derecho como obligación

legal, mantener su nivel de competencia

profesional, lo más cercano a la excelencia

que sea posible, a lo largo del tiempo. Y

eso solo es posible con un adecuado de-

sarrollo profesional en el que la formación

continuada es clave.

El especialista de digestivo necesita tener

los conocimientos y habilidades que ga-

ranticen la vigencia de sus competencias

en todo aquello que resulta de interés en la

especialidad y no solo en lo que pueda re-

sultar más atractivo o de interés para unos

u otros. Los congresos de la especialidad,

y especialmente la Semana de las Enfer-

medades Digestivas, cumplen esa función,

al igual que otras muchas actividades do-

centes que la SEPD desarrolla desde su

plataforma online y otras reuniones pre-

senciales o mixtas. Este enfoque, hacia la

formación continuada necesaria para el

especialista, exenta de fines promocionales

directos en sus programas oficiales, y dise-

ñada desde el marco general de la especia-

lidad, es la llama que nos alimenta a todos,

el todo de todos.

En este momento es razonable pensar que

la administración reconocerá que las apor-

taciones realizadas por la industria como

contribución directa a este tipo de forma-

ción, no es un pago en especie al profe-

sional y por ello exenta de tributación.

Por

tanto, persistamos en el esfuerzo de

una transparencia global que garantice

la declaración de los verdaderos con-

flictos de interés, pero al tiempo pe-

leemos por el mantenimiento de una

formación de calidad, independiente

y orientada a las necesidades reales de

los especialistas

. Hagamos que esta sea

nuestra guía y misión.

Fernando Carballo

Presidente de la SEPD

tribuna del presidente

Envíale un email al Presidente de la SEPD

Fernando Carballo Álvarez

Presidente de la SEPD

Transparencia,

valores e intereses

tribuna del presidente