Expertos destacan la necesidad de conocer el genoma de la microbiota para prevenir las enfermedades degenerativas
EUROPA PRESS
28 septiembre 2012
El conocimiento del genoma de la microbiota puede servir para la prevención de enfermedades degenerativas, según han asegurado diversos expertos durante el XIV Congreso de la Sociedad Española de Nutrición que se está celebrando en Zaragoza.

En este sentido, el presidente de la Sociedad Española de Probióticos y Prebióticos, Francisco Guarner, ha recordado que el desconocimiento de la "mayoría" de las bacterias que viven en el intestino ha provocado que los investigadores hayan tenido que recurrir a distintos métodos como la secuenciación del genoma completo de los microrganismos presentes en ella. Los resultados de estas investigaciones, ha comentado, apuntan a que las características que presenta la microbiota están más relacionadas con factores como el ambiente o la alimentación que con la genética.

Asimismo, el jefe de la sección de Gastroenterología y Nutrición pediátrica del Hospital Virgen Macarena, de Sevilla, Federico Argüelles, ha destacado que gracias al estudio del metagenoma se pueden conocer a fondo la composición y peculiaridades de la flora intestinal. "Esto nos permite contribuir al 'uso medicalizado' de algunas cepas de probióticos, unas bacterias de las que se ha investigado mucho en los últimos tiempos y de las que conocemos aspectos tan importantes como que no todas son iguales, que producen diferentes sustancias, que actúan de forma distinta y que sus dosis no siempre son las mismas", ha explicado. Dicho esto, ha hecho alusión a algunos estudios en los que se ha demostrado que añadiendo una determinada cepa de probióticos a las soluciones de rehidratación oral se favorece el tratamiento de la gastroenteritis aguda y de la DIARREA producida por rotavirus. "En estos casos, se ha comprobado en laboratorio que algunos probióticos mejoran la reparación del epitelio y favorecen la síntesis de anticuerpos específicos que condicionan una mejor evolución de esta DIARREA", ha recalcado.

En cuanto a la DIARREA producida por antibióticos, el pediatra ha aprovechado para animar a los profesionales sanitarios a reflexionar sobre los daños potenciales que entraña la administración a veces indiscriminada de este tipo de fármacos, "un aspecto que hay que vigilar, ya que se sabe que es uno de los factores que va a influir en la constitución de la flora intestinal", y ha recordado que está demostrado el importante papel preventivo que juegan ciertos probióticos para evitar los efectos nocivos de los antibióticos en la flora.

Del mismo, el especialista también se ha referido a publicaciones recientes que relacionan la ingesta de estos nutrientes con el alivio de los síntomas del cólico del lactante: "un problema para el que tenemos poca medicación utilizable". Así, ha explicado que algunos estudios indican que la microflora intestinal es distinta en los niños que padecen cólico del lactante: "Este descubrimiento ha abierto una vía de esperanza ya que podríamos utilizar algunos probióticos para modificar un poco la población de esa microflora y conseguir una mejora de la sintomatología", ha recalcado.

En cuanto a las posibles aplicaciones de algunos probióticos en los casos de atopia y de ciertas alergias alimentarias, el doctor Argüelles ha señalado que pese a que no hay actualmente evidencia científica que avale su administración de forma sistemática para prevenir las reacciones alérgicas, sí existen estudios que apuntan a que aquellos niños a quienes se suministra un producto que contenga probióticos, consiguen una tolerancia más rápida a la proteína de leche de vaca. "Concretamente, esta tolerancia se presenta con una diferencia de entre 6 meses y un año respecto a los que toman la misma fórmula pero sin probióticos", ha puntualizado.

ENVEJECIMIENTO Y MICROFLORA INTESTINAL Por su parte, la vocal de Alimentación del Colegio de Farmacéuticos de Pontevedra nutricionista, Maika López, ha realizado una revisión de los estudios realizados hasta ahora sobre la introducción de algunos probióticos en la dieta de las personas de edad avanzada. "El envejecimiento está acompañado de una reducción de la capacidad funcional orgánica e inmunológica. La microflora intestinal va cambiando con la edad, ya que se produce, por un lado, una reducción de las bacterias buenas --bifidobacterias y lactobacilos, principalmente-- y, por otro, un aumento del número de especies patógenas", ha afirmado López. Asimismo, ha proseguido, esta "lucha", unida a un descenso de la función inmune, es lo que puede provocar la habitual inflamación crónica del intestino en ancianos. "Se ha demostrado que la introducción de algunas cepas de probióticos en la dieta pueden ayudar a mejorar esta función intestinal alterada", ha recalcado. En cuanto a las personas de edad avanzada que, además, presentan alguna patología, hay un número creciente de estudios que apuntan a que algunos probióticos pueden ser útiles en la prevención de las DIARREAs, en el tratamiento de los problemas funcionales del intestino e incluso podrían mejorar la respuesta de estos pacientes a la vacuna de la gripe, aunque aún no se puede hablar de evidencias científicas definitivas. "Según estas investigaciones, determinados probióticos atajarían la alteración de la estructura intestinal y regularían la flora intestinal, produciendo por tanto una reducción de la inflamación en ancianos", ha comentado esta especialista. EL VEHÍCULO DE LOS PROBIÓTICOS Por último, el papel de los alimentos como vehículos de bacterias probióticas ha sido el tema que ha centrado la intervención del doctor del área de Gastroenterología y Nutrición del grupo IHP, Alfonso Rodríguez Herrera, quien ha comentado que "probablemente" se valore poco el soporte en el que se incorpora el probiótico.

"Sería muy importante poner en marcha todas aquellas medidas que aseguren que estas bacterias lleguen a su destino final --esto es, la interacción con el tracto intestinal-- en las condiciones más favorables", ha comentado para zanjar insistiendo a los profesionales la necesidad de estudiar tecnologías que aseguren la protección de las bacterias durante más tiempo, sobretodo en aquellos casos de productos no refrigerados.