Tras estos hallazgos, Walker y su equipo han estudiado a 332 niños, de entre 8 y 17 años, que acudieron a un médico para tratarse el dolor de estómago, a los que han comparado con 147 niños de las mismas escuelas pero que no presentaban ningún tipo de patología estomacal. Cuando los participantes cumplieron los 20 años, los investigadores los entrevistaron en persona o por teléfono acerca de los síntomas de ansiedad y depresión. En ese momento, el 40 por ciento de los que tenían un historial de dolor de estómago seguían padeciendo un trastorno gastrointestinal.
En base a las entrevistas, el equipo de Walker ha comprobado que el 51 por ciento de las personas con dolor de estómago había tenido un trastorno de ansiedad, en comparación con el 20 por ciento que lo padecieron del grupo que no tenían dolores estomacales. "Lo sorprendente es el grado en que los trastornos de ansiedad estaban todavía presentes en el seguimiento", ha asegurado el experto. En este sentido, los investigadores, cuyo estudio ha sido publicado en 'Pediatrics', han sugerido que estos trastornos aparecieron en la primera etapa de la vida aunque, no obstante, no han podido comprobarlo. Finalmente, Walker ha comentado que las personas ansiosas tienden a estar "muy atentas" ante la amenaza por lo que suelen explorar su entorno y a ellas mismas para ver si ocurre algo "malo". Además, en la investigación se ha desvelado que el 40 por ciento de los niños que habían sufrido dolor de estómago en la infancia se habían deprimido en alguna ocasión.